'Fems Aquí!': La experiencia de una feminidad disidente
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| Celia Hita, Andrea Corrales y Priscila Penniket. |
La condición femenina de la falsedad, la mercantilización, la alienación, la manipulación, la pasividad, la vulnerabilidad, etc. en los discursos marxistas tradicionales ha permitido una ofensiva constante y tolerada en los espacios políticos hacia las feminidades.
Andrea Corrales Devesa
Por José García
Imaginemos una feminidad que no fuera definida por y para la mirada masculina, que no respondiera a los mandatos de un género binario, que se intercalara con otras variables como la clase social, el trabajo sexual, la rabia, el deseo. El gesto de autoproducción de la choni, de la prostituta, de la trans, de la bollera. Son las fems en su grito libertador.
De ello nos habla el libro Fems Aquí! Pensar el transfeminismo desde lo fem/femme, una compilación de pequeños ensayos, poesías, imágenes, que, de la mano de Andrea Corrales Devesa y Laia Lloret Veciana y el buen hacer de la Editorial Avenate, reúne los trabajos de un abundante número de mujeres autodefinidas como fems, los cuales fueron presentados días atrás en la asociación Cardijn de Cádiz de la mano de las activistas transfeministas Celia Hita, la propia Andrea Corrales y Priscila Penniket.
La obra reúne los textos e imágenes de un fanzine publicado hace diez años en Barcelona que nos habla de una cuestión que tiene que ver con la estética y la manera de estar pero también con cierta economía de los afectos y los cuidados.
Cuando el movimiento fem fue emergiendo resultó a menudo ignorado por una izquierda y un feminismo que, en su tentativa de deshacerse de los imperativos del género, fue denostando la feminidad y adhiriéndose a los valores y cánones sociales de lo masculino.
"Nosotras tenemos que producir nuestro género, la gente cis no", apuntaron las ponentes. Para algunas de las mujeres que se autodenominan fem su proceso de autoproducción parte de la experiencia de las culturas butch/fem en los Estados Unidos, para otras de su transición de género, para otras tantas de su vinculación con el trabajo sexual...Para ello han debido afrontar una enorme femmefobia, "el desprecio hacia la feminidad no como un asunto concerniente exclusivamente a las mujeres sino como parte de un sistema de valor que sitúa la feminidad como artificio y trampa, del lado de las apariencias y las apariencias del lado de feminidad".
De esta manera, las fems han sido consideradas copias baratas y barrocas de la feminidad autorizada de las mujeres y, más que deseadas, han sido codiciadas. Las trabajadoras sexuales se convertían así en obreras de la falsificación, las trans en portadoras de una feminidad impostada, forma extrema de exterioridad de la masculinidad como autenticidad.
Fems Aquí! abre, pues, un debate inédito en el Estado español que convierte ciertas formar de feminidad en un acto de disidencia, una experiencia transfeminista y queer que no puede mantenerse al margen de los debates sobre el género.

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