Memoria, deseo y cabaret en el Teatro de Las Cortes De San Fernando

 


Por José García

Interesante propuesta para celebrar los 35 años de la despatologización de la homosexualidad con el espectáculo Vaga y Maleanta, un tributo a quienes vivieron la represión (y el goce) durante la dictadura franquista que les catalogó como vagos y maleantes, primero, y como peligrosos sociales, después. Todo un desafío a la desmemoria anoche en el Teatro de Las Cortes De San Fernando, en Cádiz.

Conducido por el travesti y performer madrileño Kiki Morgan, en el espectáculo, del director porteño Jesús Lavi y la compañía Oniria Teatro, se utiliza la fórmula imperecedera del cabaret para fundir toda una serie de discursos legales y médicos sobre la homosexualidad con una sucesión de testimonios de personas LGTBIQ+ que vivieron bajo aquel manto de represión política y escarnio institucionalizado. Testimonios aportados por los y las miembros de la entidad promotora de la propuesta, la Fundación 26 de Diciembre, que lleva más de quince años trabajando por las personas mayores LGTBIQ+.

Pero no nos engañamos. Vaga y Maleanta no arranca de la memoria de estas personas sus vivencias desde ninguna posición victimista ni victimizante. Porque no solo nos habla de la violencia sistémica que ejerció el régimen sobre elles. Nos narra también de los espacios donde el deseo encontró su particular locus amoenus en versión underground durante aquellos años: los urinarios, el cine Carretas, los cruising, el cuartel de los grises...

El texto, del también madrileño Enrique Montero, es transportado por Oniria Teatro como un espectáculo de variedades donde gracias las dotes escénicas de Kiki Morgan se mezclan elementos del happening con la ventriloquía, la pieza musical, el baile y la divertidísima banda sonora del músico de origen caraqueño Milo Giraldo.

La escenografía, casi minimalista, cuenta además con unos efectos escénicos bien traídos y llevados que aportan un dinamismo inusual en una representación de dos horas conducida por una sola persona.

En definitiva, un acierto de proyecto contra la represión social y política pero también contra el edadismo, una de las grandes dolencias que conlleva la senectud LGTBIQ+ en la cultura actual. La Historia es buena recordarla, sobre todo si no tenemos disposición para repetirla. 

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